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Nació en el Rabal zaragozano en el año 1955, aunque el vicio de comer todos los días lo ha llevado a residir con el oso en la sombra del madroño; es a saber, Madrid, por si acaso. En su pelea diaria con los prosaicos guarismos, se ha permitido unas raciones de paréntesis que han dado lugar a este libro. Su pluma ilusionista, viva y serena se derrama por las páginas de Dicen las hadas. Junto
a todo lo dicho, en sus entrañas siempre hay un hueco para
Albarracín, porque quién no tiene debilidad por algún
rincón de Teruel. Como la tiene y por arrobas, esta editorial
segurana. |